El Principito, el Toumbaito, el Rey Destronado y la Prinsesa Ninfómana Marisabiqué…

Capítulo 1. Sin flores en el balcón



España, Catalunya, Barcelona, Barrio de Gràcia…Una calle estrecha….Son las 12 del mediodía de un día cualquiera de un agosto cualquiera con un sol hiriente que invita a morir bañado en tu propio sudor. Una mujer, África. Un timbre sonando reacio a ser escuchado por alguien. Un perro que ladra por cortesía a lo lejos. Festín, en su jaula dorada, maúlla rencoroso e indignado. El camión de mudanzas espera impasible una orden mientras los coches que le besan el culo con desgana pitan y pitan y en su ensordecedor llamamiento mueren ahogados en el perfume fétido que regala el ambiente.


La puerta del viejo portal se abre pero aparece Merçè, la abuela asustadiza del número 54, que fotografía sin piedad la poco bucólica escena antes de bajar el escalón y salir zumbando arrastrando sufrida su huesudo cuerpo setentero, no sin antes saludar con educación:


-Bona tarda*


-Buenas tardes, señora-le saluda África amable


En el móvil, tras más de quince tonos desesperados:


-¿Pablo?


Con mucho ruido de fondo, una voz encantadora


-¡Hermana! Lo olvidé, por dios, ¿no llegabas mañana?


-¡Pablo! ¡Por favor! No hay dónde aparcar…Festín se va a morir….


Más ruido de fondo….África solo entiende las palabras moto, rápido, media, hora, besos….


Mientras reacciona ante lo escuchado, hace un gesto con la mano al atractivo conductor del camión señalándole que circule pero ante el despiste que detecta vuelve a hacerle grandes movimientos, ya con su brazo, y le indica nerviosa que avance. Por fin, tras segundos indecisos, el conductor entiende y el gran motor que transporta sus pertenencias circula rugiendo sin piedad. Los coches que le siguen al pasar junto a África la insultan sin remordimiento y le hacen hijos indiscriminadamente al conocer de cerca sus pechos y su trasero.


15 horas, 8 minutos de ese mismo día de agosto de un año que podría ser perfectamente 2009. Un pasillo, largo, unos techos, altos, una habitación, amplia, unas cajas enormes que entorpecen el paso del largo y frío pasillo del ático de su hermano. Pablo despide con una sonrisa enorme al guapísimo conductor del camión de mudanzas y una propina que da para un par de camisas en Massimo Dutti. No está nada mal, piensa el joven transportista, que deja ver sus dientes de ratón dando las gracias con otra sonrisa franca y sincera. África se sienta pensativa en la primera caja que ha quedado tímida a las puertas de su nueva habitación y reacciona ante su ensimismamiento cuando el grito árido de Festín maullando irascible en su caja dorada, la devuelve a la realidad. Tom olfatea curioso ese objeto diminuto y extraño por ahora para él, que transporta un ser vivo de pelo gris y suave, príncipe donde los haya del reino de los gatos felices, felino, mimado, malcriado y sibarita hasta decir basta. El hocico de Tom es salvado a tiempo gracias a los pocos reflejos que le quedan, de un arañazo a mala hostia seguro….Pablo acaricia el lomo del anciano perro y dirigiéndose complaciente al verdadero y nuevo Principito de la casa, los presenta:


-Festín te presento al mayor de este hogar y por el que te pido un respeto absoluto, mi perro Tom, Toumbaito para los amigos. Tom, te presento al pequeño Principito, el consentido gato de mi hermana conocido como Festín.


Los ojos de Tom se dirigen con aire pasota a África que ya se ha incorporado e intenta regañar a su Principito con voz maternal y para nada autoritaria y por supuesto sin mucho éxito, pues el gato sigue con sus cánticos desesperados como si le quitasen la vida en casa suspiro.


Los hermanos entonces se miran y por fin se abrazan en un gesto de verdadero cariño, tropezando con las cajas toca huevos que pueblan el pasillo.


-Nunca debí marcharme a Málaga dice África en cuanto se separan


-¿A qué viene eso ahora? Increpa Pablo


-Tres años de mi vida tirados a la basura


-África, no es el momento-le contesta Pablo mientras sortea los bártulos que decoran temporalmente su ático de ventanas discretas que visten la cara luminosa de la Plaça del Sol.- Tienes tus llaves en aquel cajón- le dice señalando con su mano derecha y sin mirar hacia la esquina del pasillo, dándole ya totalmente la espalda a su hermana- y mañana comida con los papas.


-¿Qué? Grita incrédula África


-Lo que has oídooooooo, es tu regalo de regreso a Barcelona- contesta divertido Pablo, mientras abre la puerta de la calle dispuesto a marcharse.


-¡No puede ser verdad! -Le contesta indignada, los ojos que le salen de las órbitas…-¡No he salido de un pueblo de catetos para meterme en una casa de pueblerinos venidos a más!….


-Jajajajajaja -ríe Pablo mientras cierra la enorme y pesada puerta. Esto te pasa por ser una Marisabidillaaaaa. Llegaré para la cena…. ¡Ya me hago cargo que a partir de ahora volveré a ser el nuevo rey destronado! Y el portazo se confunde con el maullido quejoso de Festín y el ladrido seco de Tom, que aburrido recuesta su gran cabeza entre sus gordas patas delanteras observando, ya a lo lejos y de reojo, al que será su nuevo compañero de juegos.


-¿Marisabiqué?- Repite tristona y casi sin ganas África desde el fondo. Pero el ruido de los anclajes del antiguo ascensor es lo que obtiene por respuesta junto a un nuevo quejido de su gato enojado y aún encarcelado.


Son las 22 horas y 25 minutos del mismo día de su regreso a Barcelona y su hermano todavía no ha aparecido por su casa para cenar junto a ella. Tras varios intentos histéricos de Festín por lastimar cruelmente al bueno de Tom, la calma y la penumbra se han instalado sin remedio en el salón minimalista de Pablo, quién llama ahora por teléfono.


-¿Sí?


-África, lo siento. No podré acompañarte en la cena, se me ha liado la tarde y tengo que terminar un trabajo.


-Pablo son más de las diez de la noche….


-Cena sin mí hermanita, te acompaño a una copa si sigues despierta cuando llegue a casa


África se dirige a la cocina y en cuanto abre la nevera se pregunta jocosa que es lo que pretendía darle de cenar su hermano esa noche. Aunque cansada por el trajín del día, decide darse una ducha y bajar a la aventura buscando un pedacito de pan que llevarse a la boca. Para cuando está lista descubre que la noche viste ya totalmente el enorme piso que la resguarda y enciende una pequeña lámpara que dibuja su sombra oscura con un dulce y divertido color naranja mientras cansada de tanto aire acondicionado abre el inmenso portón del antiguo balcón dejándose acariciar por el aire cálido que respira la ciudad. La música étnica de los artistas callejeros se cuela sin permiso y juguetona por el desnudo balcón- un balcón sin flores, esto lo remedio yo en un plis, un balcón sin flores es como una guardería sin niños, cuánto echaré de menos esto de Andalucía- piensa África en voz alta. Pero el ruido de los jóvenes que beben y ríen en las puertas de los numerosos bares de la bulliciosa plaza la espabila del todo y la animan a bajar y a participar ya del ambiente.


Kebabs, franckfurts, comida griega, hindú, cerveza, cerveza, cerveza…. ¡Sí! ¡Tapeo! Quiero un bocadillo de jamón, piensa África que ya tiene hecha la boca agua sólo al imaginar el sabor. Aparta cómo puede el gentío que le entorpece el paso hacia la pequeña barra, que como no, también está repleta. Pero tiene hambre y tiene sed y también tiene sueño, pero eso no es significativo para la historia en este momento, y se hace un huequito a golpe de codazo en la esquina que está pegada a los cuartos de baño. La noche se promete movidita entonces, piensa, pero se consuela al notar que el chorro del pequeño ventilador que decora la vieja sala sacude su cara cada 30 segundos aproximadamente.


-¿Qué ponemos? Le grita muy cerca de su cara el moreno camarero


-¿Perdonaaaa? No te he oído-le contesta exaltada África


-¿Qué qué ponemos nena?


Nena. No le gusta y sí le gusta que el camarero la trate con tal familiaridad llamándola nena.


-Bocadillo de jamón serrano, con pan con tomate y una cerveza


-Claro nena, pan, tomate y rico aceite, por supuesto. ¿Una mediana?


África parece haber olvidado que en su tierra lo raro es no hacer un bocadillo con pan sucadito en tomate triturado y aceite… Y la mediana….sí, cierto, una mediana es un botellín de 33 cl. de cerveza….Sí, quiere una mediana.


- Una Estrella bien fresquita, le dice al morenazo.


-Marchando


Cuando el camarero, que se llama Martín y es un colombiano que regenta el bar desde hace cerca de dos años pero África está claro que todavía no lo sabe, le trae su cena, éste le pregunta:


-¿Y ese acento?


-¿Y el tuyo? le dice ella con más chulería si cabe


-Yo soy colombiano, ¿y tú?


-Yo soy de aquí, ¿no lo ves?


-Pues no, no lo veo, ¿y ese acento? Vuelve a repetir divertido


-He vivido 3 años en Málaga, será eso….


A las dos horas de conocerse, Martín y África han compartido ya más de una cerveza, muchas risas, alguna confidencia y algún que otro roce como el que se está dando en el momento que Pablo la llama por teléfono al no encontrarla en casa.


-Pablo, estoy con Martín en el Cafè al matí, tapa a la nit**, le dice entre risas África, ya un poco bebida


-Así que ya conoces al Colombiano….Ahora bajo y os acompaño.


Cuando ésta cuelga Martín le susurra al oído exagerando su acento:


-Así que eres la hermana perdida de Pablo


-Perdida no sé, jajajaja, pero sí soy la hermana de Pablo hasta que alguien nos demuestre lo contrario- y bebe de su fría cerveza mientras Martín acaba de liar un cigarrillo que tras un par de caladas va a compartir con África, entre otras cosas, en la larga noche de un día cualquiera, de un mes de agosto, que bien podría serlo del año 2009.


Continuará……


*Buenas tardes


**Café por la mañana, tapa por la noche

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