¿QUIÉN ERAS TÚ?



Gata, no recuerdo tu nombre, sólo la lluvia torrencial que nos empujó a buscar el hotel más cercano y las torsiones rítmicas mientras te ayudaba a despojarte de tus empapadas medias.

Mi lengua sólo tenía que rozar, sólo rozar, con mi miel, tu cuello desnudo mientras me dejaba regar suavemente con tu saliva para dejar activados los resortes del deseo y sólo así poder acceder al interior de tu gruta, húmeda y palpitante y poder encontrar el paraíso en el infierno.

Las gotas de lluvia con olor a jazmín recorrían tu espalda en su afán por huir de tu pelo enredado mientras yo te penetraba por detrás, sólo tu cuerpo vestido con tus zapatos de tacón negro y el agua de las nubes.

Más tarde te sublevaste. Me guiaste, autoritaria y severa a la cama. Me montaste. Hasta el fondo, me dijiste, ladeando tu cabeza con tu boca entreabierta y lujuriosa, mientras yo me enamoraba. Los músculos de mi cuerpo se retorcieron con espasmos que hicieron vibrar hasta mis huesos al tiempo que tú jadeabas contrayendo tu coño belicoso ahora pequeño refugio de mi bienestar.

Entonces, te oí y te obedecí. Separando nuestros sexos te tumbé sin dejar de mirarte a los ojos que me hablaban: Piérdete en mi cuello, hazme ese hueco en tu cama...Quiero que mis orgasmos lleven tu sello...Suda, perro, suda. Jadea mientras tu lengua rastrea sin impunidad mi sexo y el tuyo implora su lugar en mis entrañas. No escatimes, no ahorres...Despilfarra a mi costa. Y quiero que viertas tus hijos no nacidos entre mis pechos, casi agónicos ya, en el palpitar irregular de mis sueños....

Gata, no recuerdo tu nombre. Y esta noche, solo, me pregunto mientras te busco entre el paisaje vacío y la lluvia torrencial desdibuja mi silueta, quién eras tú.

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